La doble moral de Canadá

La semana pasada hicimos un evento para americanos y canadienses en México, un evento que hacemos una vez al año, al que asisten cada vez más personas, por lo que esta vez tuvimos que comprar muchas sillas plegables baratas, para poder llenar los espacios de nuevas personas, quienes habrían de ir.

Por lo general, estos eventos siempre funcionan de la misma manera y las cosas fluyen de manera correcta, debido a que los ciudadanos de ambas naciones son personas muy similares en la mayoría de las cosas; sin embargo, hoy en día las cosas son distintas, debido a que la visión política de ambos gobiernos no puede ser más diferente.

Por un lado, tenemos al gobierno canadiense, cuyo primer ministro es Justin Trudeau, un hombre completamente de izquierda, amado por todos los países que siguen su tendencia política, como lo es el caso de toda Europa occidental, cuyo liberalismo extremo es su bandera y el multiculturalismo, así como la pérdida de identidad nacional es su objetivo óptimo, un objetivo que están cumpliendo al pie de la letra.

No obstante, todos estos países izquierdistas y multiculturales hasta el hueso son países, especialmente Canadá, o mejor dicho, especialmente el primer ministro canadiense, un político cuya verdadera esencia es todo lo contrario a todo aquello de lo que su discurso habla.

El señor Justin Trudeau se ha quejado mucho del presidente Trump y de sus políticas nacionalistas y radicales, abogando siempre por la migración masiva musulmana, el aborto, matrimonio entre mismo sexo e incluso el impulso al feminismo.

Con estas políticas tan abiertas, el Primer Ministro canadiense da una proyección de ser una persona en contra de nadie y a favor de todos; sin embargo, tanto él como todos sus colegas europeos occidentales, excepto Reino Unido, son personas en una guerra secreta contra un enemigo a quien odian con todo su ser. Ese enemigo son los cristianos.

Aunque en papel el Primer Ministro canadiense es católico, el catolicismo y la cristiandad es el único grupo que ha atacado públicamente, algo que un gobierno “abierto” no debería de hacer.

Otro ejemplo de que el Primer Ministro Canadiense no es lo que predica es su afán desde joven por la separación de Quebec de Canadá, ya que él es de familia “francesa” de Quebec, aunque lo que hablan que llaman francés muchas veces necesita subtítulos en Francia para que los ciudadanos franceses lo entiendan.

Hace poco tiempo, en una conferencia de prensa, un reportero canadiense de habla inglesa hizo una pregunta al Primer Ministro y pidió que este respondiera en inglés, aunque estuviera en Montreal. El Primer Ministro respondió en francés, debido a que ahí se habla dicha lengua.

Aquí podemos ver que sí hay un grupo a quien ataca y con el cual es racista; por esta razón, todo su discurso y toda su tendencia pierden toda credibilidad, convirtiéndole en un hombre de doble moral, como sucede con todos los de su tendencia.

En fin, el evento fue bien.

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