¿Se puede prevenir una retinopatía diabética?

En esta temporada de sabrosas y abundantes comidas hay una sombra que nos acecha; la del sobrepeso.

El tema puede dar pie a bromas y a divertidos “memes” que vemos por todas las redes sociales. Sin embargo, para las personas con diabetes, los excesos en las comidas no son motivo de risa.

Quienes viven con este padecimiento saben lo importante que es vigilar y controlar su alimentación. Esto no sólo por evitar los kilos de más, sino especialmente para evitar los niveles anormales de azúcar en la sangre; ya sea porque se eleven por encima de los parámetros normales o porque desciendan más de lo debido.

En el caso de las subidas de azúcar, éstas pueden causar diversas complicaciones, que afectan distintos órganos del cuerpo. Una de esas complicaciones es la retinopatía diabética.

La retinopatía diabética es la inflamación de los vasos sanguíneos que forman el tejido de la retina, causada por los niveles elevados de azúcar en la sangre. En sus primeras etapas, la retinopatía no provoca síntomas, pero si la diabetes no se controla, los vasos sanguíneos pueden romperse y gotear; esto último causa visión borrosa y eventualmente puede provocar ceguera.

El tránsito de las primeras señales de inflamación a la ruptura de los vasos sanguíneos se da de manera paulatina y puede ser un proceso lento. Si la inflamación continúa, es posible que los vasos sanguíneos se bloqueen y no reciban irrigación de sangre. Las porciones del tejido retiniano que se ven afectadas por ese problema envían al cerebro la señal de que necesitan más vasos sanguíneos, ya que los existentes dejan de cumplir con la función de hacer circular la sangre.

Cuando el cerebro indica que se formen nuevos vasos sanguíneos, la retinopatía avanza a la etapa denominada proliferativa. En ese momento, la retina queda “sobrepoblada” por nuevos vasos que realmente no cumplen una función de reemplazo (los anteriores aún existen, sólo que están bloqueados). Además, son estructuras anormales y débiles, por ello es que pueden romperse fácilmente.

Si bien los vasos que se generan durante la etapa proliferativa no son dañinos en sí mismos, el problema radica en la posibilidad de que rompan, pues al hacerlo gotean sangre y esto es lo que nubla la visión. Tal es el primer síntoma que un paciente con retinopatía diabética puede percibir; sin embargo, para ese momento, la complicación ya está en su estadio más grave. Puede tratarse, con una cirugía que permite cauterizar los vasos sanguíneos. Pero, como en toda enfermedad, lo mejor es evitar las etapas más severas.

Ahora bien, ¿cómo prevenir una enfermedad que no provoca síntomas?

Como sucede con otros padecimientos asintomáticos, la solución está en llevar un estilo de vida saludable y acudir a revisiones médicas de manera periódica, para confirmar que todo esté en orden.

El paciente con diabetes debe llevar la dieta que el médico le prescriba, ejercitarse con regularidad y llevar un control de sus niveles de azúcar. Aunado a lo anterior, debe adoptar el hábito de la consulta oftalmológica preventiva, pues sólo con ayuda de un equipo especializado, es posible detectar las primeras señales de la retinopatía.

En conclusión, la respuesta a la pregunta inicial es afirmativa. La retinopatía y otras complicaciones de la diabetes pueden prevenirse, con los cuidados y el apoyo médico adecuados.

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